
1. No, no me gustaba Bilbao.
2. Hace años los santanderinos, como buenos provincianos, íbamos a la capital vasca a deslumbrarnos con las luces navideñas de sus grandes almacenes y, de paso, fundir allí las tarjetas de crédito. No era un viaje cómodo. Teníamos que recorrer una vieja carretera llena de socavones y curvas para llegar lentamente a una ciudad gris, demacrada por la industria y cruzada por una ría mutante.
3. Ayer tocaba rememorar tiempos pasados. Así que toda la familia decidimos, con espíritu navideño incluido, regresar a Bilbo. Ahora sólo se tarda en llegar cincuenta minutos por autopista. Ahora los grandes almacenes apenas iluminan sus fachadas. Ahora la ciudad ha renacido.
4. Los bilbaínos han demostrado saber reciclarse. La decadente cara industrial de la ciudad se ha metamorfoseado en un espacio confortable, moderno, acogedor y, sobre todo, vanguardista.
2. Hace años los santanderinos, como buenos provincianos, íbamos a la capital vasca a deslumbrarnos con las luces navideñas de sus grandes almacenes y, de paso, fundir allí las tarjetas de crédito. No era un viaje cómodo. Teníamos que recorrer una vieja carretera llena de socavones y curvas para llegar lentamente a una ciudad gris, demacrada por la industria y cruzada por una ría mutante.
3. Ayer tocaba rememorar tiempos pasados. Así que toda la familia decidimos, con espíritu navideño incluido, regresar a Bilbo. Ahora sólo se tarda en llegar cincuenta minutos por autopista. Ahora los grandes almacenes apenas iluminan sus fachadas. Ahora la ciudad ha renacido.
4. Los bilbaínos han demostrado saber reciclarse. La decadente cara industrial de la ciudad se ha metamorfoseado en un espacio confortable, moderno, acogedor y, sobre todo, vanguardista.
5. Vanguardia que ha sabido encajar, como un perfecto puzzle, con la arraigada personalidad vasca. Lo tradicional no ha sido una losa prohibitiva a la hora de añadir elementos transgresores en viejos símbolos. Así lo han hecho, por ejemplo, con el decadente puente de La Salve (junto al Guggenheim) al que han añadido una curiosa iluminación móvil, obra del francés Daniel Buren. La flamante instalación eléctrica crea un vaivén de sugerentes reflejos hipnóticos sobre la ría. Me gusta.

6. De vuelta a casa, nos vimos acorralados en un interminable atasco debido a las retenciones producidas por un accidente en cadena (más de cincuenta coches implicados, sin ninguna víctima grave). El aparatoso choque se desencadenó por un fuerte temporal de granizos en la dirección a Cantabria de la autopista. Todo quedó en un susto, pero impresionaba ver pasar en las grúas coches colisionados con el airbag explotado. Aish.

7. Y la policía nos desvió a la carretera vieja. Cosas del destino. Regresamos a esa lenta y olvidada carretera llena de socavones y curvas. Tres horas para llegar a Santander. Tres horas para recordar el camino del pasado.
8. Menos mal que teníamos galletas de avena, receta Mónica Gueller, para hacer el trayecto más dulce.
8. Menos mal que teníamos galletas de avena, receta Mónica Gueller, para hacer el trayecto más dulce.

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