2. Odio los amigos invisibles. Yo soy más de los amigos indivisibles. Será porque en ese divertido juego ser frikitele declarado tiene sus contraindicaciones. Avisado estás.
3. Para empezar, si te toca alguien que te conoce poco: no tienes escapatoria. El objetivo es quitarse el marrón de la chepa lo antes posible y, por supuesto, sin devanarse los sesos. Lo siento mucho: si eres frikitele te tocará inevitablemente un libro de televisión.
4. Pues no, me rebelo. Reivindico la esencia del verdadero amigo invisible.
5. No cuesta nada escarbar un poquillo (pero sin pasarse, ¿eh?) entre las huellas de la gente que nos rodea, intentar olvidar nuestros prejuicios, dar una oportunidad a los demás. En definitiva: dejarnos sorprender y así, también, poder sorprender.
6. ¡Ojo! Claro que me fascinan los libros sobre medios de comunicación. No lo puedo evitar. Es una de mis pasiones. Siempre agradezco uno. Siempre. Y muy agradecido estoy.
7. Pero, desde aquí, reivindico otra adicción mucho mejor: la curiosidad.
8. Curiosidad a casi todo lo que nos envuelve. Curiosidad para intentar absorber y disfrutar cada momento al máximo.
9. Hoy, noche del Día de Reyes, solo en mi habitación, no pienso resistirme a dejar de soñar.
10. ¿Quién sabe? Quizás, por fin, aparezca atracado en mi balcón ese barco pirata de Playmobil. Siempre lo quise desde niño y ahora intuyo que vendrá cargado de polizones cómplices… de esos que jamás te dejan caer por la borda.



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