1. Llamarse Ángeles González-Sinde.2. Soltar un eterno discurso histórico-plasta-antropomórfico.
3. Ir de soy la que más sabe de celuloide del mundo.
4. Sentirse digna metiéndose con la piratería, causante de todos lo males. Cuando, en realidad, a nuestra industria cinematográfica no le afecta prácticamente ná de ná. Hay problemas mucho peores. Muchos.
5. Leer, releer y requeteleer el mitin con cero personalidad y como si de un dictado de primaria se tratara. Vamos, la anticomunicación personificada.
6. Y, claro, Telecinco aprovechó el comienzo del Sinde-discursaco para arrancar su A ver si llego. Aunque ni con esas. Normal.
7. Aish. Ángeles González-Sinde debería aprender de Aitana Sánchez-Gijón, ex presidenta de La Academia.
8. Aitana olvidaba los rollacos en casa, se plantaba en el escenario firme (¡fuera atriles!), miraba a cámara con expresividad y, entonces, comunicaba. Clara, concisa y concreta.

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