1. Sábado tarde. Nadal y Djokovic luchan para meterse en la final del abierto de Madrid. Son buenos. Quizá demasiado. El partido se alarga.2. Mientras, en un estudio de Prado del Rey, Alaska espera. Se aburre. Probablemente bosteza. Ella será la presentadora del previo típico de Eurovisión.
3. Ese especial nunca llegará. El partido entre Nadal y Djokovic termina justo a la hora del Telediario. Suerte que tuvimos…
4. Y es que, este año, nuestra cadena pública buscó a una eurofanática para conducir los contenedores del popular festival. Olvido Gara fue la elegida. Pero se equivocaron. Lo saben.
5. No nos engañemos, Alaska ha demostrado que tiene muy poco sentido de la televisión. Sin Lolo Rico detrás, ya no es la mitificada bruja de La Bola de Cristal. Ahora su pose de "soy-una-simpática-musa-con-clase-y-ademas-estoy-muy-leída" de nada nos vale.
6. La cantante no transmite, su vocalización monótona es el mejor somnífero y, lo que es peor, suelta unos eternos monólogos memorizados como si recitara la tabla periódica.
7. Así lo comprobamos en el debate posterior al triste penúltimo puesto de Soraya. Aquella silenciosa tertulia parecía un arrítmico y lento simposio sobre psicología nuclear. La antitelevisión, vamos.

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