14/05/09

Todo es mentira

1. En televisión casi todo es ficción. No es ninguna novedad, ya lo sabíamos.

2. Pero, en la última semana, la polémica ha aterrizado sobre dos programas bien diferentes, aunque con algo en común: están un pelín manipulados. Qué originales...

3. Se trata de Perdidos en la tribu, de Cuatro, y De buena ley, de Telecinco.

4. El primero, conducido por Nuria Roca, nos presenta a Los Bosquimanos como habitantes de un lugar perdido en el que usan taparrabos. Cuando ni viven allí, ni llevan sus caras pintadas, ni visten así.

5. No queda ahí la cosa. Este reality es una franquicia explotada antes por otros países. Eso se nota bastante. Así nos encontramos con unos aborígenes requete-resabiados buscando constantemente el momentazo televisivo (los niños parecen aprendices de Melody). Por no hablar de la poca naturalidad que desprende el atrezzo o los constantes cortes de montaje. Puro teatro, vamos.

6. El segundo programa, De buena ley, es una versión del recordado Veredicto que triunfa en Italia. Aquí podemos ver, después de una interminable y arrítmica cabecera, a dos personajes enfrentados ante un “implacable” juez. En realidad, estas dos personas son actores. El público de plató que da su opinión, también.

7. ¡Ojo! Interpretar esos inquietantes conflictos judiciales es complicado. Hay que tener un alto nivel actoral. Quizá, por eso, el demandante y demandado terminan sobreactuando demasiado. Y lo peor: los presentadores parecen tomárselo en serio. ¿No sería más televisivo plantar casos reales?

8. Falsear situaciones no tiene por qué ser malo en determinados espacios de entretenimiento. A veces es hasta fundamental, aunque hay formas de hacerlo. Si vas de objetivo, transparente y trascendental, al final, eso terminará pasándote factura. Y es que el todo vale no sirve.