1. En la madrileña localidad de San Martín de la Vega hay una cárcel de mujeres. Muy cerca está la televisiva escuela de Fama ¡a bailar! ¿Coincidencia? 2. El concurso, presentado por Paula Vázquez, se convirtió en la revelación del año pasado. No sólo por sus extraordinarios datos de audiencia para Cuatro, también por el suculento target comercial al que va dirigido. Los adolescentes están enganchados. No cabe duda.
3. La primera edición del reality terminó e intentaron repetir éxito con un Supermodelo vespertino: se la pegaron. Normal, este formato ni tenía el mismo público objetivo, ni daba más de sí en una tira diaria. La media de audiencia de Cuatro se hundió. ¡Va!
4. Por eso, en la última edición, Fama ¡a bailar! se ha alargado hasta la extenuación. Se ha convertido en el reality más largo. “Cuándo va a acabar esto…” soltaba una quemada alumna.
5. En total han sido cinco meses de reclusión entre coreografías, nominaciones y los eternos-plastas dictámenes del claustro de profesores. No aptos para el tensiómetro de Saber vivir.
6. Y, claro, como Cuatro no quería repetir el fiasco del anterior curso se han sacado de la manga otro Fama. Ahora es un centro de alto rendimiento profesional. O eso dicen. ¡Va!
7. Yo me imaginé que iban a disfrazar el decorado y la imagen de la escuela. Pensé que darían un toque más profesional a las instalaciones y renovarían contenidos para no agotar al espectador. Para disimular, vamos. No lo hicieron. No hay presupuesto.
8. Allí sigue todo igual. Idéntico. Cansino. Repetitivo. Y el share casi no lo está notando. Los famaseguidores no se pierden su cita con la academia. Son repelentemente fieles. Inquietante.
9. Ahora un nuevo Fama veraniego amenza con inundar las playas españolas. Pero, por favor, que sea con bailarines nuevos. Venga…¡va!

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