1. Me he hecho un Twitter. Me resistía, sí. Pensaba que con el Facebook tenía suficiente. Pero, al final, la red social ha podido conmigo. Aún sólo tengo tres ciberamigos, uno de ellos es Ellen DeGeneres. No me preguntéis cómo ha llegado hasta ahí.2. Ahora sé si ella se come una jugosa manzana, si estrena cámara de fotos o si está grabando en los Warner Bros. Estudios. Aunque yo, desde hace tiempo, ya tenía puesto el ojo en su programa vespertino The Ellen DeGeners Show .
3. "Chispeante". Este es el mejor adjetivo que puede calificar al espacio de Ellen, que emiten las emisoras asociadas a la NBC. Desde el minuto cero, The Ellen DeGeneres Show no te deja escapar, te sientes un voyeur colándose en una amena reunión de amigos en Hollywood.
4. Allí (casi) siempre se sienta gente de primera fila. Artistas, actores, escritores, políticos, Paris Hilton… van a la tele a vender sus cosillas con la lección aprendida. Promoción que Ellen logra que se vuelva cercana, transparente y entretenida. Todo parece natural.
5. Pero no sólo de entrevistas vive este Day Talk Show. La escaleta del espacio, también, tiene mucha música, algún que otro monólogo, excéntricas pruebas con el público (al estilo de la eliminatoria de nuestro Un, dos, tres) o, incluso, una especie de disparatado Tú sí que vales bajo la atenta mirada de una Ellen flipándolo. El ganador se lleva a casa una Wii.
6. Y el público del plató no duerme, no es indiferente. La grada está sintiéndose parte del show. ¡Entregaos!. Vamos, que parecen poseídos por el espectáculo, algo que, por otra parte, es muy habitual en EE.UU.
7. Por supuesto, este programa está totalmente guionizado. No se nota. Nada. Porque el carisma de la showoman puede con lo escrito. Su personalidad, y rapidez de reflejos, consigue que The Ellen DeGeneres Show parezca improvisado e imprevisible.
8. Aquí, en la actualidad, nos faltan presentadores cómplices con sus invitados, comunicadores rápidos. Profesionales de esos a los que no se les ve tanto el plumero en la obsesión de cazar un forzado momentazo televisivo. La espontaneidad de Ellen consigue mucho más sin obligar al entrevistado a ser inquietantemente picado por el venenoso aguijón de una abeja.

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