25/10/09

Seis causas del éxito de 'Curso del 63'

1. ESPONTANEIDAD. Estos alumnos son una mina. No sé de dónde los han sacado pero ha dado en el clavo. Porque transmiten realidad, son arrolladores, tienen adictivas reacciones contradictorias y, sobre todo, saben dejarse llevar por el juego. Su ingenuidad televisiva es la clave. Y es que, al ser la primera edición, los participantes no están resabiados. Son novatos. Son genuinos.

2. EVOCACIÓN. El público conecta con la época. El espacio consigue trasladarnos a los sesenta. Incluso los platos del comedor son sacados de aquellos "maravillosos" años. Ya se sabe: los españolitos somos unos nostálgicos incansables.

3. REALIDAD. Curso del 63 logra que te sumerjas en la vida de los alumnos sin aspavientos. Esto no es fácil: en los últimos años, la mayoría de los espacios de telerealidad pregrabados, como éste, no consiguen ser muy creíbles. Al final, a muchos espectadores les da la sensación de que todo está manipulado, ensayado y guionizado. En Curso del 63 esta percepción no existe. Además, el programa se realiza en localizaciones reales, ¡gran acierto! Rodar en un decorado hubiera restado credibilidad.

4. CONCISIÓN. El programa no es eterno, dura lo justo. No da rodeos. La cronología de los hechos se desordena a favor del show. Así se logra que el montaje no deje escapar al telespectador.

5. TEMPERAMENTO. Los profesores recuerdan a veteranos actores de teatro engolando la voz. Están sobreactuados y eso da un divertido morbo extra a la escuela. Además, sus castigos tienen un punto malicioso que se transforma en disparatado para la audiencia. Nada deja indiferente a nadie... y, claro, se producen encendidos debates en casa o en la red.

6. NO-NOMINACIONES. En este reality se han olvidado de las expulsiones. Desaparece la trascendental nominación para centrarse en lo más importante: la historia.