1. En 1997, tras la entrada del grupo Vocento en el accionariado de Telecinco, se realizó una magistral reforma para borrar la aureola casposa de la vieja “cadena amiga”.
2. Nueva imagen, nuevo logotipo y una programación más “cosmopolita” y “constructivamente crítica” para atraer a un público más amplio, a un target más comercial.
3. Desde entonces, Telecinco no buscó tanto ser líder de audiencia como tener un poderoso perfil vendedor de sabrosos anuncios para, así, convertirse en la televisión más rentable de Europa. Lo consiguieron.
4. Telecinco fue “la televisión de hoy”. Y, entonces, llegó Paolo Vasile. El flamante Consejero Delegado bebió, bastante tiempo, de los éxitos del equipo de su predecesor, Maurizio Carlotti (ahora vicepresidente del Grupo Antena 3), que había dejado una ejemplar parrilla con pilares sólidos, prime times potentes y una audiencia profundamente fidelizada.
5. Pero ahora, años después, la estrategia del “casi todo vale” ha arrastrado los contenidos de Telecinco de una imagen social redonda a otra nefasta. Porque para mantener el share (a un bajo coste) se ha transformado una cadena generalista en prácticamente un canal temático amarillo sin rival. Tiene buenos datos de audiencia pero también un target comercial menos jugoso.
6. Pero las contraindicaciones de las decisiones apresuradas empiezan a hacerse notar: estrenar con éxito una serie de ficción en Telecinco es ahora más difícil que en otra cadena, todo lo contrario que sucedía antes. La cadena de Fuencarral está contaminada por un rechazo previo a sus productos de una importante parte de la sociedad.
7. Lo reconozco: durante una época Telecinco fue mi canal favorito. Ya no lo es. Creo en el entretenimiento televisivo real. No tengo prejuicios hipócritas con la información rosa. Y, por eso, creo que la emisora de Mediaset está a tiempo de recuperar su esencia. La esencia comercial y rentable del espíritu de la televisión. La televisión con Mayúsculas. Un magnífico y positivo camino a seguir es la dinámica, por ejemplo, de Supervivientes. Y no la televisión con cimientos de arena que vende humo cargado de falsas polémicas. Eso sólo es: pan para hoy, hambre para mañana.